El guion de la "Felicidad"

El Extranjero - Albert Camus

por Miguel Alessandro


Cuando alguien habla de felicidad, normalmente se refiere a ese estado de bienestar emocional o a una simple satisfacción mental. Pero, ¿qué pasa cuando dentro de un grupo una persona se siente profundamente infeliz mientras todos los demás proyectan una imagen de alegría común? Este escenario me recuerda mucho a lo que analiza Albert Camus en "El Extranjero", donde el protagonista es señalado por algo tan humano como no llorar en el funeral de su madre. Es ahí donde te das cuenta de que, a veces, las emociones representan poco más que una finta para una foto o una apariencia ante los demás. Al final, parece que nos preocupa mucho más mantener una máscara social que cuidar la originalidad del alma. Y eso me hace pensar, ¿somos realmente felices en donde estamos o solo estamos cumpliendo con un papel asignado?


Siempre ha existido ese estereotipo de que entre más amigos tienes, más popular eres, pero si nos detenemos a reflexionar de verdad, de cien conocidos, ¿con cuántos cuentas realmente? Muchas veces nos venden la idea de que estar rodeado de gente es sinónimo de ser feliz, o que si haces lo mismo que ellos, vas a encontrar esa plenitud. Pero aquí es donde entra nuestro verdadero paradigma: cuando decides hacer algo que a ti te llena pero a ellos no les gusta, es donde empiezan los problemas. Empiezan a juzgarte y a señalarte solo por no seguir el guion, por no reírte de los mismos chistes de siempre o por no reaccionar igual ante las mismas situaciones. A veces da la impresión de que la felicidad ya no es algo propio, sino una serie de modelos base impuestos por lo que vemos hoy en día en redes sociales, una especie de requisito que debes cumplir para no incomodar al resto.


Lo más difícil es darnos cuenta de que ese "bienestar" que nos exigen es, en realidad, una forma de control. Nos da miedo la soledad que implica ser auténticos porque preferimos el ruido de una multitud que no nos conoce, antes que el silencio de estar con nosotros mismos. Nos han enseñado que estar triste es un error de sistema, algo que hay que ocultar para no arruinar la armonía del grupo, cuando quizás esa tristeza es la única señal de que nuestra alma sigue viva bajo tantos protocolos. Al final, terminamos cansados de cargar con una estructura que no construimos nosotros, preguntándonos si algún día podremos dejar de fingir para simplemente ser, aunque eso signifique caminar a contracorriente de lo que todos consideran "normal".






Comentarios

Entradas más populares de este blog

Un Engranaje no "muy" perfecto

¿Lucha de clases o lucha de egos?